Las vacaciones de verano son temporada alta para el cibercrimen
Para muchas empresas los meses de vacaciones de verano suelen ser los más tranquilos: hay menos reuniones, equipos reducidos, decisiones postergadas. Sin embargo, ese aparente paréntesis operativo no pasa desapercibido para el cibercrimen. Sino que por el contrario es uno de los momentos más activos para quienes buscan explotar errores humanos, accesos olvidados y controles que se relajan tras el receso.
Así, el comienzo del año expone una contradicción peligrosa. Mientras las empresas “bajan un cambio”, los atacantes aceleran. Cuentas temporales que nunca se desactivaron, credenciales compartidas durante las vacaciones, sistemas sin parches recientes y equipos de seguridad funcionando a media máquina conforman el escenario ideal para un ataque silencioso, pero efectivo.
“El problema de fondo es cultural, en la mayoría de las empresas, la ciberseguridad sigue percibiéndose como una tarea que se pausa y se retoma. Algo que se ‘reactiva’ cuando vuelve la rutina. Esa lógica ya no es viable. Hoy, los sistemas digitales son el corazón del negocio, y cualquier interrupción por mínima que parezca puede traducirse en pérdidas económicas. Así como daño reputacional o filtración de información sensible”. De esta manera lo remarcó Sergio Oroña, CEO de Sparkfound.

Además, los meses de verano, tienen una característica particular: los ataques suelen pasar más tiempo sin detectarse ya que hay menos profesionales monitoreando. Y menos alertas priorizadas. Una intrusión puede permanecer latente durante días o semanas, amplificando su impacto cuando finalmente se descubre generando gastos inmensurables.
Es por eso que la ciberseguridad no debería depender del calendario. No es una campaña, ni un proyecto con inicio y fin. Es un proceso continuo que debe funcionar desde el primer día del año, sin interrupciones. Automatización, monitoreo constante, políticas claras de accesos y una cultura de prevención activa son tan importantes como cualquier estrategia comercial o financiera.
El inicio de un nuevo año suele estar cargado de planes, objetivos y proyecciones. En esa lista, la seguridad digital no puede quedar relegada. Porque mientras las empresas descansan, el riesgo no lo hace. Y en un contexto donde las amenazas no se toman vacaciones en verano, la ciberseguridad tampoco debería hacerlo.

