Analistas creen que el Gobierno tiene una ”visión estrecha” de la presión cambiaria

Analistas creen que el Gobierno tiene una ”visión estrecha” de la presión cambiaria

El Gobierno tiene una visión acotada sobre el posible origen de la presión cambiaria, advirtió un análisis privado.

El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró a LN+ que tras el primer desembolso que realice  el FMI, las reservas brutas serán lo suficientemente altas como para cubrir ampliamente la base monetaria.

También sostuvo que la caída de la convertibilidad se debió a los desequilibrios fiscales, ausentes en esta ocasión, y no al nivel de reservas.

“El Gobierno tiene una visión acotada sobre el posible origen de la presión cambiaria”, remarcó el análisis de Max Capital.

El mismo señalo que el Gobierno “argumenta que medidas como M3 no generan presión sobre el tipo de cambio”.

“Ya que el multiplicador se ajustaría y solo la base monetaria (BM) sería relevante”.

“Creemos que esta visión es demasiado estrecha, en parte por la volatilidad de la velocidad del dinero”.

Esto “permite que cualquier pasivo en pesos de corto plazo pueda generar presión sobre el tipo de cambio si es necesario absorberlo”.

“Pero también porque ante nueva información el tipo de cambio puede ajustarse sin necesidad de que haya ‘flujos’”.

Esta nueva información podría producirse ya sea sobre el presente.

Y podría ser por precios de commodities, monedas emergentes, mayor aversión al riesgo, menor financiamiento externo.

O también podría producirse sobre el futuro, como las elecciones o la política monetaria o cambiaria.

Los inversores locales suelen sostener que “los flujos prevalecen sobre los fundamentos”.

Y a menudo los flujos funcionan como mecanismo de descubrimiento de precios.

Pero cuando surge nueva información pueden volverse irrelevantes.

Como ocurrió en 2019 cuando la victoria de Alberto Fernández en las PASO generó un salto en el tipo de cambio.

Además el informe planteó que “el Gobierno parece desestimar el nivel del tipo de cambio en términos reales”.

Por su parte, los precios de los bienes no transables siguen avanzando por encima del crawling peg.

Y una apreciación cambiaria afectará la cuenta corriente, requiriendo financiamiento o una depreciación para equilibrar el mercado.

Desde esta perspectiva, es difícil negar que la convertibilidad en los ‘90 resultara un esquema rígido.

En ese caso, sin un mercado laboral flexible que permitiera absorber shocks externos rápidamente, se requirió un proceso de deflación que afectó la actividad.

También redujo la recaudación y aumentó el gasto social.

En parte, esto explica los desbalances fiscales como resultado de rigideces nominales que llevaron a un tipo de cambio real apreciado en primer lugar.

En este sentido, una reforma laboral profunda sigue siendo una pieza faltante en el esquema cambiario, al menos hasta ahora.

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