Industria farmacéutica argentina generó ahorro de US$ 13.500 M
El desarrollo de medicamentos biotecnológicos por parte de la industria farmacéutica argentina redujo la dependencia de importaciones. Además potenció las exportaciones y abrió el acceso a terapias de alta complejidad para miles de pacientes. Así concluyó un informe de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa).
La producción de medicamentos biosimilares y de alta complejidad se transformó en un eje estratégico para la industria farmacéutica argentina. Este segmento replica en eficacia y seguridad a fármacos biológicos originales pero a menor costo. Y ya permitió un ahorro superior a US$ 13.500 millones para el sistema de salud entre el sector público y privado.
El estudio muestra que los ahorros anuales rondan actualmente los US$ 1.700 millones, con una proyección que treparía a US$ 2.089 millones al año en los próximos cinco años. En términos acumulados, se estima que hacia 2030 el país alcanzará más de US$ 29.000 millones en ahorros totales.
La fabricación nacional también alivió la balanza comercial. La menor necesidad de importar tratamientos costosos representa US$ 615 millones de ahorro anual en divisas. Cifra que podría crecer hasta US$ 863 millones por año en el próximo lustro.
En la última década se lanzaron múltiples biosimilares locales que cambiaron la ecuación de precios en patologías críticas. Bevax (maBxience), competidor de Avastin (Roche), permitió ahorrar US$ 6.086 millones en 10 años. Mientras que rituximab, con su alternativa nacional, generó US$ 2.169 millones en ahorros en nueve años. Por su parte, semaglutida y pembrolizumab, que se lanzaron recientemente, ya suman casi US$ 400 millones en menos de un año.
Del mismo modo, dutide (Elea) contra la diabetes tipo 2, ligonux (Gador) para atrofia muscular espinal y pembroX (Elea) como alternativa al exitoso Keytruda son ejemplos del nuevo salto en innovación.
La Argentina cuenta con 354 laboratorios y 234 plantas industriales, donde se emplean 43.000 trabajadores directos y 120.000 indirectos. Este sector representa el 4,9% del valor agregado industrial y se consolidó como uno de los tres rubros más relevantes de la industria nacional.
El perfil exportador también es significativo: en 2024 se vendieron medicamentos por US$ 1.100 millones a 116 países. De los cuales US$ 139 millones correspondieron a biosimilares que llegaron a 65 mercados internacionales.
El AMBA concentra la mayor parte de las plantas de producción, con polos clave en Garín, Pilar y Munro. Allí operan compañías como mAbxience, Sinergium Biotech, Richmond, Gador y Biosidus, que impulsan la frontera tecnológica local. A su vez, plantas en Córdoba, La Rioja, Catamarca y San Juan refuerzan la presencia en el interior y sostienen la capacidad exportadora.
La expansión de los biosimilares no solo se traduce en cifras. También significa que más pacientes acceden a terapias antes inaccesibles por su alto costo. El ingreso de nuevos actores redujo precios, amplió las opciones terapéuticas y fortaleció la sustentabilidad de todo el sistema de salud argentino.
Con esta estrategia, la industria farmacéutica argentina se asegura ahorros millonarios. Pero también se posiciona como un referente regional en la producción de fármacos de última generación.

