Entre el ancla monetaria y las olas electorales

Entre el ancla monetaria y las olas electorales

Ya pasó más de un mes desde que el ministro de Economía, Luis Caputo, presentó la Fase 3 del programa económico. Y observando cómo se comportó el mercado financiero y cambiario, creemos oportuno revisar las mejores estrategias de inversión. De cara a un horizonte de mediano y largo plazo.

Con un esquema que busca consolidar la desinflación como objetivo prioritario. Pero que convive con la incertidumbre propia de un año electoral. Trazar una estrategia clara de portafolio exige identificar oportunidades en función de los escenarios que podrían materializarse.

Para ello, es necesario repasar la constitución del esquema actual. Este se apoya en el saneamiento del balance del BCRA, con respaldo de desembolsos del FMI y otros organismos internacionales por US$ 28.100 millones. Establece una flotación administrada con bandas cambiarias móviles y divergentes, dentro de las cuales el tipo de cambio fluctúa libremente. El BCRA puede intervenir dentro de las bandas (aunque el gobierno, de manera enfática, asegura que no lo hará). Pero está obligado a hacerlo sobre sus extremos.

Por su parte, la política monetaria adopta un enfoque de agregados, utilizando como ancla el M2 privado transaccional. O en otras palabras, el circulante en poder del público más los depósitos a la vista del sector privado. Excluyendo cajas de ahorro remuneradas de personas jurídicas. En consecuencia, la tasa de interés se vuelve endógena, ajustándose en función de las condiciones de mercado y de la evolución de la demanda de dinero.

Hasta el momento, el objetivo que se mantiene claro y con continuidad desde el inicio de la administración es el proceso de desinflación. En un año electoral como 2025, sostener altos niveles de confianza en la administración resulta clave para asegurar una mayor capacidad de acción legislativa. En este contexto, lograr que el tipo de cambio se mantenga cerca del piso de las bandas, o al menos por debajo de su valor medio de $ 1.200, se vuelve una “política de Estado”. Evitar una depreciación desmedida que pueda reactivar un proceso inflacionario, erosionando el poder adquisitivo del electorado en general y del votante pendular en particular es, entonces, el principal objetivo de política económica del gobierno. Al menos hasta octubre.

Ahora bien, para que esto ocurra y no surjan tensiones en el mercado de cambios, se necesita un flujo abundante de dólares. El cual, hasta el momento, y en principio hasta mitad de año, estaría garantizado por la liquidación de divisas producto de una buena cosecha gruesa. De ahí en adelante cabe preguntarse de qué manera podrá el país hacerse de los dólares que sustenten el modelo. Al menos hasta que pueda volver a financiarse a través del mercado voluntario de deuda.

Ante este nuevo escenario de Fase 3, el mercado respondió con un especial interés por estrategias de carry trade. Impulsando así una fuerte compresión de la curva en pesos, en especial en su parte corta.

En Criteria desarrollamos un método de análisis de nodos a plazos fijos. Para un análisis más detallado de la reacción y evolución de la estructura temporal de tasas de interés. De dicho análisis, puede desprenderse que la parte media (T15D5 y T30E6) y larga (T30J6) de la curva a tasa fija se presenta como una alternativa interesante. Para el inversor que valide el nuevo régimen y proyecte sólido anclaje de expectativas inflacionarias,

Por el contrario, los instrumentos ajustables por CER de corta y media duration se presentan como una alternativa efectiva de cobertura ante posibles shocks nominales. Para quienes creen más probable un escenario en el que las expectativas inflacionarias permanecen desancladas. Y las elecciones de medio término introducen ruido político y económico,

En cuanto a estrategias con activos en moneda dura, continuamos viendo valor en los bonos soberanos hard dollar del tramo largo de la curva como el AE38 y el AL41. Los que se presentan como las opciones más atractivas. Suponiendo una inversión a un año y una compresión de tasas al 10%, el retorno potencial estimado para el tramo medio-largo se ubicaría entre el 17% y el 20%, sin considerar la reinversión de cupones ni amortizaciones.

Por Guadalupe Birón, analista de Renta Fija de Criteria

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *