En 2025 el mercado inmobiliario consolidó su recuperación
El mercado inmobiliario argentino dejó atrás los años de contracción y consolidó durante 2025 una etapa de recuperación. Tuvo como pilares el regreso del crédito hipotecario, la mejora del poder adquisitivo y una mayor estabilidad macroeconómica. Sin embargo, la construcción no logró acompañar ese dinamismo y continúa rezagada. Por la caída de la obra pública y márgenes más ajustados para los desarrolladores.
De acuerdo con el informe Situación Inmobiliaria y Construcción 2026 de BBVA Research, “el mercado inmobiliario residencial consolidó su recuperación durante 2025”. En un contexto donde el repunte de precios, el crecimiento de escrituras y la vuelta del financiamiento ampliaron el universo de compradores. La demanda formal se reactivó especialmente en zonas con valores en dólares aún contenidos, validando un nuevo ciclo tras varios años de retroceso.
El contraste más marcado se observa entre la actividad inmobiliaria y la construcción. Tras el ajuste de 2024, la construcción se mantiene sin señales claras de despegue. Entre fines de 2023 y el tercer trimestre de 2025, el PBI acumuló una mejora cercana al 2%, pero la construcción mostró una contracción de -11%. Convirtiéndose así en la rama más afectada del período.
El informe que elaboró Mario Iparraguirre señala que “el sector quedó al margen del ciclo de recuperación, a contramano de los servicios y las actividades primarias”. Tanto el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción como el Índice Construya reflejan un estancamiento sincronizado entre oferta y demanda. Con heterogeneidad en los insumos: el asfalto crece impulsado por obra pública, pero el ladrillo y el hormigón no acompañan.
Aun cuando durante 2025 la desaceleración del IPC y la menor brecha cambiaria ayudaron a moderar el encarecimiento de los costos. Pero el repunte no alcanzó para revertir la debilidad estructural. Según el análisis, “el costo de materiales y mano de obra evolucionó de forma más previsible. Mejorando así la planificación de obras y reduciendo riesgos en los proyectos”. Aunque los permisos y despachos siguen por debajo de los niveles previos a la pandemia.
El verdadero quiebre del mercado llegó con la reaparición del crédito hipotecario, especialmente los préstamos UVA. “El regreso del crédito hipotecario marcó un punto de inflexión en 2025”, destacó el trabajo. Tras años de oferta casi inexistente, la banca volvió a canalizar financiamiento hacia la vivienda, facilitando el acceso de sectores medios.

Entre fines de 2024 y mediados de 2025, las hipotecas se multiplicaron y potenciaron el repunte de escrituras en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Aunque la suba de tasas en el segundo semestre y la volatilidad preelectoral moderaron el ritmo, “el punto de inflexión parece haberse consolidado tras años de parálisis”.
La participación del crédito en las operaciones superó el 15%, duplicando el promedio de los últimos cinco años y alcanzando su mayor nivel desde 2018. “Este repunte marca un quiebre respecto al período 2019–2023, en el que el crédito tuvo un rol prácticamente nulo en el acceso a la vivienda”. Actualmente, el stock de crédito hipotecario representa apenas 0,5% del PIB, lo que evidencia el potencial de expansión del sistema financiero.
En materia de valores, el precio del metro cuadrado en CABA mostró subas interanuales de entre 5% y 11% en los segmentos de pozo, a estrenar y usados, con menor dispersión que en 2024. La apreciación gradual, validada por una demanda activa, consolida un piso firme y proyecta continuidad hacia 2026.
El interior del país también acompañó el nuevo ciclo. Ciudades como Rosario y Córdoba registraron repuntes en dólares por m2, con liderazgo del segmento pozo. A nivel regional, el valor del m2 en Argentina se revalorizó en 2025 y se desacopló del patrón de estabilidad o ajuste observado en otras plazas latinoamericanas.
En paralelo, la recuperación salarial mejoró la relación ingreso–vivienda. “En 2025 los salarios en pesos crecieron por encima del costo de construcción y del valor del m2. Mejorando así la relación ingreso–vivienda en años”. Esto redujo la cantidad de sueldos necesarios para adquirir un m2, tanto en unidades a estrenar como usadas, especialmente en dólares medidos al tipo de cambio paralelo.
El informe subrayó además que “la suma de precios contenidos en dólares, salarios en recuperación y financiamiento disponible crea una oportunidad para ampliar la base de acceso a la vivienda propia”.
