El regreso de los excluidos al mercado de deuda soberana
El comienzo de 2026 está marcado por un renovado dinamismo en el mercado internacional de deuda soberana de países emergentes. Por un contexto global que reconfigura el apetito inversor y redefine los tradicionales refugios de valor. En este escenario, emisores que durante años permanecieron relegados o directamente excluidos de los mercados internacionales están de regreso. Con colocaciones récord, alta demanda y costos financieros competitivos en términos históricos. Así lo remarcó un análisis de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia.
El caso más emblemático es el de Ecuador, que concretó en enero su mayor emisión soberana de la historia por un total de US$ 4.000 millones. Luego de varios años de ausencia en los mercados. La operación incluyó un bono con vencimiento en 2034 por US$ 2.200 millones a una tasa de 8,75% y otro a 2039 por US$ 1.800 millones con una tasa de 9,25%. El dato más relevante fue la magnitud del interés inversor. Las ofertas alcanzaron los US$ 18.000 millones, es decir, 4,5 veces el monto que finalmente se adjudicó. Se trató además de la primera colocación internacional del país desde 2019. Lo que refuerza la señal de reapertura del financiamiento para emisores considerados de alto riesgo. Y el regreso de uno de los excluídos.
Este fenómeno no se limita a América Latina. Incluso países con calificaciones crediticias dentro del grado especulativo, como Camerún, lograron validar colocaciones en el orden del 10,1% anual. En su caso, una emisión privada por US$ 750 millones mostró que el mercado está dispuesto a financiar créditos de frontera. Siempre que se ofrezcan cupones atractivos y estructuras de repago claras, incluyendo amortizaciones escalonadas.
Detrás de este renovado interés por la deuda emergente confluyen múltiples factores macroeconómicos y geopolíticos. Las tensiones bélicas y comerciales en distintas regiones, los desequilibrios fiscales y políticos en Estados Unidos, la disputa con Europa y China y la fragilidad de Japón erosionaron el atractivo de los activos tradicionalmente considerados libres de riesgo. En paralelo, los inversores intensificaron la diversificación de carteras hacia terceros países. Y hacia activos reales, como los metales preciosos, con subas acumuladas del oro del 110% y de la plata del 310%.
Un elemento clave es el giro en la política monetaria de la Reserva Federal. Tras concretar tres recortes de tasas en 2025, el mercado descuenta entre dos y tres bajas adicionales en 2026. Con la inflación en Estados Unidos más cerca del objetivo del 2%, la atención de la Fed se desplazó hacia su mandato de empleo. La creación de puestos de trabajo, que en 2023 y 2024 promediaba 200.000 empleos mensuales, se desaceleró de forma significativa en la segunda mitad de 2025. Con registros inferiores a 8.000 empleos por mes. Como resultado, la tasa de desempleo repuntó desde mínimos históricos del 3,4% hasta la zona del 4,5%. Ubicándose así apenas 0,3 puntos porcentuales por encima del nivel de largo plazo que considera la autoridad monetaria.

Japón también juega un rol central en esta coyuntura. Tras más de tres décadas de deflación, el país logró consolidar una inflación superior al 2% desde mayo de 2022. Lo que lo llevó a abandonar su política de tasas ultra bajas. Luego de ocho años con una tasa de referencia de -0,10%, el Banco Central japonés elevó el costo del dinero hasta 0,75%. Y avanzó entonces en la venta de activos, reduciendo su balance en un monto cercano al 30% del PBI. Con una deuda soberana equivalente al 260% del producto, los inversores comenzaron a exigir mayores rendimientos. Lo que generó dudas sobre la sostenibilidad fiscal y provocó salidas de capitales, presionando al yen y obligando a intervenciones cambiarias.
En este contexto, las economías emergentes se favorecieron por distintos canales. El arbitraje de tasas impulsó flujos financieros hacia países con políticas monetarias ortodoxas, como Argentina y Brasil. Por rendimientos elevados en comparación con las economías desarrolladas. A su vez, la reconfiguración geopolítica y el fenómeno del friend-shoring fortalecieron a países como México, India y Vietnam. Captaron no sólo inversiones de cartera sino también Inversión Extranjera Directa, luego apalancada en los mercados de deuda locales. Otro factor relevante fue el saneamiento de balances en países que permanecieron años en default o en procesos de reestructuración. Ghana, Sri Lanka y Zambia, tras cerrar acuerdos con China y el Club de París entre 2024 y 2025, reingresaron a los índices internacionales de bonos. Obligando a los fondos institucionales a recomprar sus títulos y generando una demanda automática.
En perspectiva, el actual escenario global redefine el atractivo relativo de América Latina bajo una nueva matriz de riesgos. La menor exposición directa a conflictos bélicos, la cercanía logística con EEUU y la producción de recursos estratégicos como alimentos, litio y cobre posicionan a la región como un destino de inversión comparativamente estable. A diferencia de episodios anteriores, este cambio de paradigma sugiere que el tradicional efecto contagio podría jugar a favor. Impulsando así los flujos financieros hacia la región y abriendo una oportunidad inédita para los países emergentes que logren consolidar fundamentos macroeconómicos creíbles. Posibilitando así el regreso de los excluidos.

