El bono en pesos a 2030 genera optimismo en el mercado

El bono en pesos a 2030 genera optimismo en el mercado

Analistas de mercado evaluaron las posibilidades que puede llegar a tener el bono en pesos a 2030 que mañana licitará el Gobierno. Cuál podría ser su rendimiento y el nivel de suscripción que podría alcanzar, son cuestiones que despiertan expectativas positivas entre inversores. Estos sostienen que los US$ 1.000 millones podría ser un objetivo conseguible.

“Ahora, el mercado estará atento a qué tan grande es la emisión, el indicativo es hasta el equivalente a US$ 1.000 millones. Y en especial a la tasa en pesos que resulte de la colocación. De esta forma, el Tesoro puede hacerse de dólares sin tener que ir al MULC a comprarlos. El bono contará con un put, es decir la opción al inversor de cobrar anticipadamente el bono, en mayo 2027, dando una suerte de seguro”. Así lo sostuvo Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS.

Por su parte, desde Max Capital señalaron que “el nuevo bono en pesos a 2030 se colocará a la par, con una tasa anual que se definirá en la licitación, y pagará cupones semestrales. Aunque su vencimiento será el 30 de mayo de 2030, incluirá una opción de venta a los 2 años, el 27 de mayo de 2027. Permitirá al inversor vender el bono al Gobierno al precio de 100 más los intereses devengados del cuarto cupón”.

“El monto máximo del bono será de US$ 1.000 millones, y, a diferencia de lo que se rumoreaba, no será un bono peso-linked, sino simplemente un bono en pesos. Por lo tanto, los inversores deberán convertir los pesos por su cuenta”.

“El Gobierno realizó recientemente un road show por Londres y Nueva York, en parte para presentar este bono. Por lo que debería haber un buen nivel de interés y, en principio, se espera alcanzar el tope de US$ 1.000 millones”.

“El nuevo bono en pesos a inversores internacionales será una forma del Gobierno de comprar dólares mediante una intervención sin esterilizar. Además del bono 2030 en pesos destinado a inversores del exterior, se ofrecerán letras y bonos a tasa fija, así como bonos CER, a inversores locales. Pero el Gobierno se comprometió a limitar el rollover total al 100% entre todos los instrumentos. Como resultado, la expansión en pesos implícita para los inversores locales secompensará con los dólares de los inversores extranjeros. Lo que convierte a la operación, en términos implícitos, en una compra de dólares sin esterilizar”.

“El bono más largo en la curva actualmente es el Boncap 2027, con un rendimiento de 28,8% (capitalización semestral), aunque con escasa liquidez. El nuevo bono ofrecerá una opción de venta el 27 de mayo de 2027, pero vencerá en 2030 si dicha opción no se ejerce. Extrapolando la curva bajo nuestro modelo CIR (una tarea bastante compleja), obtenemos un rendimiento del 25,5%. Aunque no hace mucho la extrapolación arrojaba un valor cercano al 20%, lo que refleja la sensibilidad de esa estimación”.

“Incluso si dicha extrapolación fuera correcta, una parte importante del rendimiento en el tramo largo refleja prima por riesgo. Algo que la opción de venta busca mitigar, al acotar la distribución de riesgos. Dado el nivel de volatilidad implícita en la curva, la opción de venta aporta suficiente valor como para comprimir los rendimientos al vencimiento en al menos 300 puntos básicos. Bajo nuestra extrapolación actual, eso implicaría un cupón en torno al 22%, aunque somos conscientes de que la estimación tiene fundamentos frágiles. Por lo que, como mucho, estaríamos confiados en que el bono debería salir en un rango de entre 19,5% y 24,5%. Si bien el comprador marginal externo, segmentado del local, podría demandar algo más de tasa”.

“El precio también se verá afectado por la liquidez y la negociación en el mercado secundario. Sin compradores locales en la licitación, la liquidez doméstica será limitada. No existe un comprador natural en el mercado local, por lo que el bono podría permanecer segmentado durante un tiempo. Además, la nueva regulación del BCRA permitirá a los compradores iniciales acceder al mercado oficial de cambios para convertir los pagos de intereses y capital. Un derecho que, en principio, no se transferiría simplemente vendiendo el bono vía Euroclear”.

“Los bancos que adquieran el bono para cartera deberían, por tanto, replicar ese derecho mediante otro vehículo para poder transferirlo. Salvo que las restricciones cambiarias se levanten por completo en el futuro. De lo contrario, el bono debería venderse al tipo de cambio del CCL. El instrumento se diseñó para apostar a un escenario de rápida desinflación.

Ofreciendo así duración y convexidad atractivas. Por lo que creemos que la mayoría de los compradores lo mantendrán en cartera por un tiempo. La última emisión de este tipo fueron los Botes 21, 23 y 26, que cotizaron caros durante años, pero con muy poca liquidez. Ya que los compradores iniciales planearon conservar la mayor parte del papel hasta su vencimiento”.

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