Calor extremo y lluvias desparejas marcan el pulso de la campaña

Calor extremo y lluvias desparejas marcan el pulso de la campaña

El escenario agroclimático para el sudeste del país vuelve a ubicarse en el centro de la atención del sector productivo en pleno verano. Con una combinación de calor extremo y lluvias muy desparejas que condicionan las decisiones económicas y agronómicas de las próximas semanas. La última Perspectiva Agroclimática Semanal de la Bolsa de Cereales advirtió que entre hoy y el 4 de febrero se registrará un inicio con marcas térmicas por debajo de lo normal. Pero le seguirá un rápido ascenso de temperaturas y precipitaciones de variada intensidad que no alcanzarán a cubrir de manera homogénea el área agrícola.

Como indicó el informe, el ingreso previo de vientos del sur permitirá que, en los primeros días, gran parte de la región experimente temperaturas mínimas inferiores a los valores habituales. Esta situación aportará un alivio momentáneo al estrés térmico, aunque será de corta duración. Con rapidez retornarán los vientos del trópico, provocando un marcado aumento de las temperaturas máximas en la mayor parte del área agrícola. Salvo en la franja atlántica, donde la influencia de los vientos marinos moderará los registros.

En ese contexto, amplias zonas del NOA, la Región del Chaco, la Mesopotamia, el norte y oeste de la Región Pampeana enfrentarán temperaturas máximas superiores a 35°C. Con focos que podrían superar los 40°C. Este escenario de calor extremo eleva la evapotranspiración y presiona sobre los cultivos de verano. Incrementando así los costos productivos en un contexto donde cada punto porcentual de rendimiento tiene impacto directo en los márgenes. Especialmente en campañas con precios internacionales ajustados y valores de referencia cercanos a los US$ 300 por tonelada para algunos granos.

En paralelo al ascenso térmico, el paso de un frente de tormenta aportará lluvias muy irregulares. Se esperan registros moderados a muy abundantes en gran parte del NOA, Cuyo, la Región del Chaco, el centro y norte de la Mesopotamia, el oeste y sur de la Región Pampeana. Sin embargo,  amplias áreas agrícolas recibirán aportes escasos, por debajo del umbral necesario para sostener una adecuada humedad del suelo. En algunos sectores puntuales del oeste del NOA podrían registrarse acumulados superiores a 150 milímetros. Mientras que en otras zonas las precipitaciones no superarían los 10 mm.

Esta disparidad hídrica vuelve a poner de relieve la heterogeneidad productiva de la campaña. Donde productores ubicados a pocos kilómetros de distancia pueden enfrentar realidades opuestas. En términos económicos, esta variabilidad se traduce en resultados desiguales, afectando la previsibilidad de ingresos. Y la capacidad de afrontar compromisos financieros en pesos y en dólares. En un contexto donde los costos de insumos siguen elevados y el acceso al financiamiento continúa siendo un factor determinante.

La perspectiva para la semana siguiente, del 5 al 11 de febrero, mantiene el patrón de lluvias desparejas. El informe señala que continuarán las precipitaciones de variada intensidad, con focos abundantes en el NOA, el sur del Chaco, el norte de la Mesopotamia y el extremo norte de la Región Pampeana. Mientras que amplias zonas del centro del país recibirán aportes escasos. Esta situación refuerza el riesgo de déficits hídricos localizados en etapas críticas de los cultivos.

A la inestabilidad pluviométrica se sumará una marcada oscilación térmica. El ingreso de una masa de aire más fresco provocará temperaturas mínimas por debajo de lo normal en buena parte del área agrícola. Con riesgo de heladas localizadas en zonas serranas y cordilleranas. Sin embargo, hacia el final del período volverán a imponerse los vientos del trópico. Con temperaturas máximas nuevamente superiores a lo normal y registros que podrían superar los 35°C en amplias regiones.

En un escenario donde el clima sigue siendo una variable decisiva, la combinación de calor extremo, lluvias irregulares y alta volatilidad productiva refuerza la necesidad de un seguimiento permanente de las condiciones agroclimáticas. Cada punto porcentual de pérdida o ganancia en los rindes puede traducirse en millones de dólares para la cadena agroindustrial. En un momento en el que el aporte del sector resulta clave para el ingreso de divisas y la estabilidad macroeconómica.

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