Alquilar es caro, difícil y arriesgado, pero poner en alquiler también
El déficit habitacional en las grandes ciudades de Argentina se explica, en gran medida, por la falta de acceso formal a la vivienda adecuada, especialmente en alquiler. Las barreras de acceso le impiden alquilar a miles de personas. Del otro lado, miles de viviendas “pierden” dinero todos los meses por quedarse también afuera del mercado. Así lo remarcó un análisis de Hábitat para la Humanidad Argentina.
“La ciudad de Buenos Aires enfrenta una paradoja cada vez más evidente. Mientras miles de familias buscan un alquiler accesible y seguro, una parte significativa del stock habitacional permanece sin uso permanente”. En CABA hay aproximadamente 200 mil viviendas vacías, según el Centro de Estudios para el Desarrollo Económico y Social Urbano, teniendo en cuenta el consumo eléctrico. Las causas son diversas: usos temporarios, sucesiones sin resolver, propiedades en obra, unidades en venta o departamentos con problemas de habitabilidad.
A esto se suma un universo casi invisible de hoteles, inquilinatos y conventillos, donde sobresalen situaciones de alquiler de piezas, informalidad extrema y riesgo habitacional. La dificultad para emanciparse es otro indicador crítico. De acuerdo con un informe de Tejido Urbano, a nivel país, 4 de cada 10 jóvenes no logra irse de la casa de sus padres. En CABA, si bien la proporción es menor (alrededor del 21%), el problema continúa exigiendo una mayor oferta de alquiler asequible.
Todo ocurre en un contexto donde la construcción no dejó de crecer, pero la población casi no se movió. Entre 2010 y 2022, la población de CABA aumentó solo 8%. Mientras que el stock de viviendas creció entre 13% y 15%. En promedio, se construyen casi dos millones y medio de metros cuadrados por año.
Para los propietarios, mantener una vivienda vacía también es costoso. Solo en expensas, el promedio porteño rondó entre $ 250.000 y $ 270.000 por mes durante 2025. Sin contar ABL, mantenimiento, seguros y servicios mínimos. Son costos hundidos aun sin tener en cuenta con ingresos por alquiler.

La Ciudad consolidó un proceso de “inquilinización”: el 36,8% de los hogares ya alquila. Aunque la oferta publicada comenzó a recomponerse en 2024–2025, los valores continúan elevados en relación con los ingresos. Aun con una desaceleración de precios, la incidencia del alquiler sobre el presupuesto familiar sigue siendo muy alta.
Detrás de las viviendas vacías conviven múltiples historias: sucesiones demoradas, unidades que requieren refacciones, usos temporarios o comerciales. Además de temor a la morosidad o al deterioro, y estrategias de inversión que priorizan la tenencia por sobre la renta. No toda vivienda vacía está lista para incorporarse al mercado, y por eso escuchar a sus propietarios es clave.
Para enfrentar esta situación, Hábitat para la Humanidad Argentina inició una convocatoria a propietarios con viviendas hoy desocupadas en CABA. El objetivo es conocer sus barreras reales y co-crear soluciones que cuiden a ambas partes. La organización está invitando a completar un formulario para relevar motivos de la vacancia, estado de la unidad, costos y expectativas de renta.
De esta manera, se podrá pensar en modelos accesibles para inquilinos con mecanismos de seguimiento y mediación temprana que reducen riesgos de morosidad. “Sabemos que poner en alquiler también es difícil. Queremos escuchar qué frena —costos, arreglos, temores— y construir con propietarios e inquilinos un camino de confianza, contratos claros y acompañamiento”. Así lo explicó Bárbara Bonelli, directora nacional de la organización. “Hay familias que pueden pagar y necesitan una oportunidad; y hay propietarios que, con certezas y cuidado, pueden volver a alquilar”.

